La vida me ha puesto a prueba tantas veces y la he enfrentado siempre con la frente en alto. Hasta que llegó un momento que me agarró sensible, con las defensas bajas y el enamoramiento a flor de piel. Sí, las conchudas también nos enamoramos. Me demostró que el tiempo nos hace ver nuestros errores, y a veces duelen poco, y otras, nos rompen el corazón. Me enamoré, perdidamente enamorada de una persona que me amó, que la luchó, que me dió todo, y yo no lo supe aprovechar en su momento, porque la cabeza no me daba. (No quiere decir que ahora sí) A los pocos meses de haberlo dejado ir, me dí cuenta de lo que había hecho, pero ví que había seguido su camino, y hace un año nos volvimos a encontrar, dolorosamente, pero lo hicimos. Creo que nunca sufrí tanto por una persona. Jamás. Y ahora sigo totalmente enamorada, sin que siquiera sepa de ello.
Y es este el momento en que no sé como enfrentar a la vida, porque no sé como hacer para olvidarlo, ni siquiera enganchandome con otra persona, porque no es honesto ni vale la pena, porque lastimar por capricho, no es algo que me guste hacer. Lo que por ahí me cuesta asimilar un poco es que si se diera, tampoco seríamos felices, o la pasaríamos tan bien como creo yo, porque hay factores externos como la distancia y demás motivos relevantes que no nos dejarían hacer todo lo que quisieramos.
Hoy me pintó la melancolía porque lo extraño. Recordé cuando eramos amigos, y me dió mucha tristeza saber que nunca más vamos a poder tener esas charlas, darnos esos abrazos, ni siquiera mirarnos de la misma manera. ¿Por qué? Porque me preocupé por cagar la reverenda verga.
Me acordé de él, porque escuchaba un tema re berreta (No digas nada - Cali y Dande) y es textualmente lo que siento. Un tema de mierda, yo una mierda.
El karma me está pasando factura, y no sé como reaccionar. Lo amo. Y tan idiotamente, que no tengo remedio. Aunque, él tampoco es un arcángel del aire, es un forro. Pero yo lo quiero así.
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