No puedo ser lo que siempre quise. No al menos como todos creen.
NO PUEDO SER UNA PRINCESA.
Los cuentos de hadas que leemos cuando somos pequeños nos hacen creer que vivimos en un mundo donde no hay problemas, donde nada importa, donde todo es color de rosas. Pero a medida que crecemos nos vamos dando cuenta que la vida no es como siempre creímos que iba a ser. Empieza una parte en la vida de las personas en que todo está pendiendo en una cuerda floja. La adolescencia. Es la peor etapa de una persona. Es donde decidimos el camino a tomar. El camino que nos va a dirigir para siempre, quizás a un final feliz, quizás no.
Y en la adolescencia en donde las conocí a ellas. Donde me mostraron que la perfección está definida por la delgada figura marcada por los huesos. Con los años, sola me dí cuenta de lo errada que estaba esa afirmación. Sola salí de algo que no todos pueden salir. Orgullosa de mí misma, seguí con mi vida.
Hasta este verano. Donde los malditos fantasmas volvieron a aparecer. Donde la comida es lo peor que me pueden ofrecer. En el mejor momento de mi vida, vuelven los dos factores que me aislaron de la sociedad (aparte de otros factores) para siempre, quienes me caracterizaron como una antisocial no desarrollada por completo.
Quizás ahora pueda vencerlas con mi fuerza de voluntad, quizás no. Eso el tiempo lo dirá.
Sólo espero que no sea tarde.
jueves, 28 de marzo de 2013
Quizás...
Por momentos miro al espejo y no sé lo que realmente estoy viendo. No sé si soy yo o es ella que volvió. En mi mente corren pensamientos, van de un lado al otro, y me hacen recordar todo aquello que pensé que había muerto en el pasado.
Llegó el momento de darme por vencida y dejar que si vuelve, vuelva. Anímicamente estoy bien, por fuera. Cuando estoy sola soy otra, lloro, y no puedo sonreír. Me saco esa máscara que oculta mi tristeza y mis lamentos.
Debería recurrir a alguien, debería salvarme yo misma. Debería entregarme. Debería hacer tantas cosas, pero no las hago. Simplemente dejo que todo pase, por ello es que antes pudo ganarme, y tirarme abajo. Pero esta vez no es igual. Ahora sé que ella quiere volver, Ana quiere volver. No va a entrar, no va a poder. Porque ahora, Mia ocupa su lugar.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)